Hoy
cene con Cristo
Hoy tuve una reunión en la parroquia para ponernos de
acuerdo en unos temitas sobre la catequesis de este año.
La verdad es que había muchas cosas para hacer, más
de las que me imaginaba, sólo esperaba que hubiera gente
bien dispuesta y generosa.
En
medio de la reunión se largó una tormenta de aquellas.
Fue impresionante como llovió. Como mis viejos estaban
de viaje, y yo había dejado todas las ventanas abiertas,
decidí hacerme una escapadita a casa para cerrar y evitar
que se me inundara -gracias a Dios no pasó nada-. Tanto
llovió que se inundó todo -hablo de la calle-,
a tal punto que preferí guardar el auto en el garaje
y volverme en remis. Iluso de mí, no sólo no había
remises sino que tampoco taxis y ni siquiera colectivos, por
lo que tuve que volver a la parroquia un poco corriendo y un
poco caminando. Me mojé mucho, además para entonces,
estaba realmente inundado -en el cruce de una calle el agua
me llegaba a la rodilla, era impresionante como corría
el agua, parecía un arroyo-. Llegué tarde y empapado.
La
reunión terminó y yo me volví para casita.
Como no tenía ganas de esperar el colectivo y además
no sabía si pasaba o no, decidí volverme caminando.
Ya
no llovía. Venía tranquilo paseando un poco, pensando
en las cosas que iba a hacer mañana, bastante distraído.
En una de esas vi a un señor sin casa durmiendo en el
hall de una casa. No me llamó la atención que
estuviera durmiendo ahí -lamentablemente, la triste realidad
de mi querido país me tiene muy acostumbrado a estas
postales- sino una herida muy pero muy muy fea en su pierna.
Realmente me impactó.
Seguí
caminando pero me quedé con esa cosa adentro. Hice unos
metros y me crucé con una pizzería. Entonces se
me ocurrió comprar una pizzita y compartirla con aquel
señor.
La
verdad que fue una hermosa idea, compré una grande de
muzarella y una latita de sprite. El señor estaba acostado
pero no dormía. Entonces me acerqué y le dije
que había comprado pizza, si quería comer conmigo.
Me dijo que sí y con bastante dificultad si incorporó
para comer. Empezamos a comer la rica pizzita y a charlar un
poco. Primero del clima, luego le pregunté por su herida
-no voy a entrar en detalles porque realmente es muy impresionante,
pero imagínate lo que sería: hacía ocho
años que la tenía y ya tenía una úlcera.
Me
ofrecí varias veces a acompañarlo al hospital,
pero me dijo que tenía alcohol yodado que le daban en
el hospital. Además me dijo que no quería ir al
hospital porque ahí le ponían vendas y las vendas
se le llenaban de gusanos... me dijo que esa herida dolía
más que la misma muerte y la verdad es que olía
como ella-.
Estuvimos
charlando un rato. En realidad me costaba bastante entenderle
porque no tenía dientes y además se trababa mucho,
tenía muchas dificultades y se babeaba. Igual pudimos
mantener una linda charla y me contó alguna que otra
anécdota.
Este
señor tenía barba, unos rasgos muy marcados en
su cara, unos ojos marrones con una mirada muy profunda, pelo
corto y con rulitos, y estaba muy sucio y con mucho olor. Me
dijo que se llamaba Jesús -me sentí raro cuando
dijo esto- que no tenía hijos y que vivía por
ahí.
Jesús
miraba la gente que pasaba y me mostró cómo se
divertían los que estaban en el restaurante de enfrente,
pero en su mirada no había resentimiento. En sus palabras
tampoco.
Estuvimos
como una hora y pico comiendo y charlando y la verdad es que
la pasé lindo, muy lindo.
Honestamente me afectaba su situación y pensé
en aprovechar que mis padres no estaban para invitarlo a darse
una duchita en casa. La verdad es que no me animé, no
porque fuera a hacerme algo o robarme -estaba demasiado débil
para ello- pero igual no me animé.
A
eso de las 12.05 le dije que era muy tarde para mí y
que debía irme. Lo miré a los ojos y con todo
mi corazón le deseé que Dios lo bendijera. Después
seguí para casa.
La
verdad es que hoy tuve una cena hermosa. Cuando estaba caminando
para la parroquia y estaba todo mojado y las calles inundadas,
me arrepentí de no haber llevado el auto. Un rato después
me di cuenta de lo buena que fue aquella decisión, porque
después de todo, mi plan para anoche era cenar sólo...
y terminé cenando con el mismo Cristo...